Cornetas y Tambores

Cornetas y Tambores

Por muy desentonada que esté una banda de cornetas y tambores, siempre suena bien. La banda de mi barrio no es que sea gran cosa. Muchos chavales jóvenes, sin apenas experiencia. Pero eso no les importa lo más mínimo.

Ellos ponen todo su empeño en hacer que unas pocas notas suenen a gloria. Ensayan cerca de mi casa, y aunque a veces suene un poco desafinada, hace volar mi imaginación hacia estrechas callejas, bullas de gente que va y viene, salidas entre vítores y recogidas imposibles.

Cuando escucho los ensayos de la banda de mi barrio, me traslado a una remota Madrugada de la Calle Pureza, donde Cristo cae por tercera vez mientras resuenan las notas de El Manué, con un imposible solo de corneta magistralmente ejecutado por Julio Vera.

Otras veces me traslado al otro extremo de esta bendita ciudad de contrastes, y por la calle Parra suena la Centuria Macarena con las primeras luces del día. O a la Plaza del Salvador, donde centenares de niños se apelotonan para ver salir a La Borriquita a los sones de la Banda del Sol. Otras veces a cualquier esquina, y veo pasar ante mis ojos La Cena, San Gonzalo o Los Panaderos, andando como sólo andan los pasos a los que acompaña Las Cigarreras. No puedo sino acudir a aquellas primeras semanas santas, cuando mis abuelos me llevaban a ver salir la joven Hermandad de su barrio. Nuestro Padre Jesús Cautivo salía, abandonado por sus discípulos, pero acompañado por todo el Tiro de Línea, con la Banda que lleva su nombre interpretando su marcha.

Muchos vecinos se quejan de lo cerca que ensaya la banda de mi barrio. Dicen que arman mucho escándalo. Nada más lejos de la realidad. Cuando una corneta y un tambor se unen para crear una marcha procesional siempre suena bien.

Antonio M. García

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